Mendoza: vinos de calidad que apuestan al turismo para crecer

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A 1300 metros de altura, hace 10 años la finca y bodega Atamisque reconvirtió su negocio, reduciendo la producción frutícola y aumentando la de vid, un negocio que crece de la mano del turismo.

Con lluvias de 300 milímetros anuales en el Valle de Uco mendocino, la bodega Atamisque se ha reconvertido desde la producción frutícola a la uva. Hoy un 80% de la superficie está ocupada por la vid que luego convierten en vino. Además tienen un proyecto piscícola de producción de truchas arcoíris que llega a los restaurantes de la zona.

El responsable técnico de la Bodega, Gonzalo Squizzato, cuenta cómo ha sido este cambio de negocio que hoy plantea un esquema de 125 hectáreas de viñas, 60 de nogales, 20 de cerezas, 10 de durazno y 10 de manzanas y 8 de castañas y avellanas. Son casi 300 hectáreas puestas en producción de un establecimiento que tiene 700. La limitante es el agua.

El ingeniero agrónomo explicó algunas claves en la búsqueda de la calidad que empieza en la planta, recordando que «el 80% de la calidad de un vino depende de la uva». «Para un malbec, el rendimiento usual en otras zonas es de 120-150 quintales por hectárea mientras que acá buscamos 50-60 quintales, para tener mayor concentración de taninos, color y mayor azúcar al momento de cosecha, que se ve referido en la calidad del vino», explicó Squizzato.

La principal variedad es Malbec pero tienen otras. Se apunta más que nada a uvas tintas. Desde el icónico Atamisque de crianza durante 14 a 16 meses en barrica de roble francés, pasando por la línea de vinos jóvenes y frutados Serval y la línea Premium Catalpa, la Bodega Atamisque ha recibido varios reconocimientos.

«El desafío es pasar duplicar la superficie con viñedos y aumentar la producción de la bodega, un negocio redituable no sólo por el vino, sino, además, por los caminos del vino ligados al turismo, porque una manzana no trae turistas, un vino, sí».


Fuente: Clarin